El otro Quevedo

Leonardo Torres Quevedo

Leonardo Torres Quevedo

Hablar de los fundamentos históricos de la Informática es hablar de personajes como Babbage, Turing o incluso, si nos remontamos más atrás, Blaise Pascal. Desgraciadamente, pocas veces se nombra al ingeniero español Leonardo Torres Quevedo, y eso que su aportación a la informática está a la misma altura que la que hicieron los personajes nombrados. Sin duda, de haber nacido en Gran Bretaña o en Estados Unidos, hoy su nombre sería siempre puesto junto con los del resto de padres de la computación.

Torres Quevedo nace en Santa Cruz de Iguña (Cantabria) en el año 1852 y muere en Madrid en 1936, en plena guerra civil española. Estudió bachillerato en Bilbao y en 1868 se traslada a París para continuar estudios durante dos años más. A su regreso, en 1871 ingresa en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de Madrid. Pero no es hasta sus 41 años, en 1893, cuando comienza a publicar sus primeros trabajos científicos.

Sus trabajos científicos e inventos destacan en el campo de la aeronáutica, el radiocontrol, las máquinas analógicas de cálculo y de la automática. Entre sus innumerables inventos podemos encontrar algunos que sentaron las bases de la informática moderna. Nos centraremos en los más importantes.

En 1903 presenta en la Academia de Ciencias de París el primer autómata telecontrolado mediante telegrafía sin hilos (ondas electromagnéticas). El invento es bautizado como Telekino. Tres años después es presentado en España, en presencia del Rey, donde hace una demostración teledirigiendo una embarcación en el agua a distancia. Nadie había hecho nada parecido anteriormente. Desgraciadamente, la falta de financiación dieron al traste con el desarrollo del invento.

Durante su prolífica vida, creó también máquinas capaces de realizar operaciones matemáticas. Estas máquinas algebraicas eran analógicas, de tipo mecánico. Desde mediados del sigo XIX ya había máquinas capaces de sumar y multiplicar, pero las de Torres Quevedo podían resolver ecuaciones de segundo grado y realizar operaciones logarítmicas. La más llamativa es el aritmómetro electromecánico. Estaba conectada a una máquina de escribir, a través de la que se introducían los números. La misma máquina de escribir, de forma automática, escribía el resultado. Pero lo más llamativo del aritmómetro era que podía realizar comparaciones entre números y operaciones lógicas, creando algo muy similar a lo que hoy entendemos como ordenador.

Pero de todos sus inventos, quizás el más espectacular fue “El ajedrecista”. Un ingenio electromecánico capaz de jugar al ajedrez gracias a un brazo mecánico. Esta máquina, y sus procedimientos algorítmicos, sienta los rudimentos de la inteligencia artificial.

Leonardo Torres Quevedo fue reconocido de forma internacional en los entornos científicos, de hecho, la noticia de su muerte fue mucho más difundida en el extranjero que en una España plenamente inmersa en la guerra civil.

 

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